El día que Gamaliel conoció a Marilyn

Escritura
Oct, 2019
Artículo por Pedro López
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  • Hace unos días recibí la visita de algunos familiares, entre ellos Gamaliel, el hijo pequeño de uno de mis parientes. Había pasado algún tiempo desde la última vez que lo vi, por ello me sorprendió lo mucho que ha crecido Gamaliel, que ya debe tener alrededor de seis o siete años. Luego de estar por unos breves minutos en la sala de mi casa, se aburrió de la charla de los adultos y se dirigió a mi habitación. Yo lo seguí por precaución, pues en ella están mis libros, indefensos contra sus posibles fechorías infantiles, pero no fue así, pues lo encontré muy tranquilo sobre mi cama, jugando con el recorte de una nube, un sol y alguna clase de insecto de papel que había traído de su casa. Me acerqué a él y traté de empezar una conversación, le pregunté los tópicos respecto a la escuela, que si ya sabía leer, que cómo se llevaba con sus compañeros de clase, y de repente me doy cuenta que Gamaliel se ha quedado completamente inmóvil, como suspendido en el tiempo, y solo luego de unos segundos me pregunta “¿Quién es esa chica?”, al instante me doy cuenta que se refiere a las fotos de Marilyn que se encuentran en la pared de la cabecera de mi cama. Le explico que todas son la misma persona, que se llama Marilyn Monroe, y fue una actriz de cine y que las fotos corresponden a los personajes que interpretó en varias películas. Decir que Gamaliel está extasiado es decir poco, sus ojos emiten un destello que se puede asemejar al que tenían los personajes interpretados por Gómez Bolaños y Ramón Valdez cuando vieron por primera vez en la vecindad a Rosita Bouchot y a Olivia Leiva. El niño no sabe para dónde mirar, explora por un momento los muslos y el vestido blanco de “The seven year itch”, para luego perderse en los labios y el vestido rojo de “Niagara”, después se queda petrificado ante los pechos y las caderas de “Lets make love”, y la apoteosis se da cuando divisa el desnudo en la piscina de “Somethings got to give”. Las pupilas de Gamaliel están dilatadas, sus mejillas enrojecidas, su boca entreabierta, ha visto la luz, diferente por supuesto a aquella que se dice que sorprendió a Saulo de Tarso en el camino de Damasco y lo transfiguró después en el autor de las Epístolas, una luz diferente pero también divina a su manera. Una de mis tías nos llama para que pasemos a la mesa a tomar café, y es así que el niño vuelve a la realidad y de un salto se baja de la cama y se marcha de mi habitación, y es así también que pasados unos días yo me pregunto si acaso este momento podrá ser decisivo en su vida, pues acaso fue la primera vez que se enfrentó al avasallante poder de la belleza del cuerpo femenino, en toda su exuberancia, en toda su majestad, en toda su dimensión carnal y metafísica, y tomando en cuenta que los padres de Gamaliel son cristianos, de esos que no celebran un acto estético fuera de sus limitadísimos cánones, las imágenes que ha visto el niño no estaban previstas para sus ojos ni para el resto de sus sentidos. Me pregunto si con el correr de los años Gamaliel dejará a un lado a Jesús y se volverá un devoto marilynesco, o quizá siga siendo un creyente fiel, pero su inconsciente le llevará a desarrollar una especial preferencia por las chicas rubias, y por supuesto, también es posible que la imagen de Marilyn poco a poco vaya diluyéndose de su mente, conforme pasen los días y las tareas y juegos propios de la infancia ocupen su tiempo y su atención. Me pregunto lo que hubiera pasado si en mi niñez solitaria y anodina me hubiera encontrado con esta diosa rubia, quizá todo hubiera sido diferente, quizá todo hubiera pasado más rápido: las pajas, los enamoramientos, los poemas.


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