Ni pagos ni permisos (gracias por los adoquines vol.2)

Columnistas
Ago, 2017
Artículo por Boris Banegas Abád
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  • El Concejo Cantonal de Cuenca determinó un plazo de 30 días como máximo para establecer las normas que regirán el uso del espacio público, este documento se construirá con la intervención de los diferentes departamentos y dependencias municipales en conjunto con los artistas y gestores culturales. Esta normativa será tomada como definitiva y se aplicará, especialmente, para el centro histórico. Pero, ¿qué pasa con la dependencia encargada de los espacios patrimoniales? ¿Acaso áreas históricas es una república independiente?

     

    Después de varios llamados de atención y la presión ejercida por los diferentes gestores para que el director de este departamento acudiese a las reuniones, no tuvieron una mejor idea que enviar a un delegado como si este no fuese asunto suyo. Dicho señor llegó con una lista de ocho lugares que ellos consideraban aptos para las manifestaciones artísticas, después de revisar una ficha técnica y hacer un estudio de los espacios que señalaban ¡seguro que sí! Y encima insinuó que el permiso y el cobro no deben omitirse. Es decir, llegaron con un total desconocimiento de la petición de los gestores. Cosa que el Concejo Cantonal aprobó, sabiendo que esta decisión incluso es mayor a un mandato del alcalde.

     

    Entendemos perfectamente que Áreas Históricas quiera seguir preservando estos espacios de la mejor manera, pero la pregunta que planteamos es: ¿para qué o para quién se conservan estos espacios si están vacíos?, ¿para qué tener plazas grises y frías, fachadas de casas bien pintadas pero que han sido abandonadas? ¿Para qué conservamos los habitantes de Cuenca este patrimonio edificado si no lo podemos utilizar? En la Gaceta Oficial se habla de las expresiones artísticas y su contribución al fortalecimiento de la seguridad ciudadana y de que promocionan en la ciudadanía el conocimiento y los valores necesarios para un modo de vida sostenible. Es decir, que mientras se ocupen los espacios públicos en distintos horarios y con variadas expresiones, la delincuencia en la ciudad va a ser menor por la aglomeración de personas.

     

    Es un asunto lógico y razonable, y dependiendo de la obra, los asistentes o transeúntes podrán aprender algo, enriquecer su cultura, divertirse o pensar que lo nuestro es maravilloso; todo este trabajo aportará para una cultura de paz y no violencia que tanta falta nos hace en la ciudad, teniendo en cuenta los asesinatos y femicidios registrados en el primer semestre. Esa es la construcción de públicos, de cultura, de valores, de conciencia que lamentablemente Áreas Históricas y su director no han entendido. No han sido más que un ente represor, calificador de géneros artísticos, y mezquino con los espacios que nos pertenece a todos los habitantes y visitantes de esta ciudad. ¿Acaso el turismo no se verá beneficiado con la existencia de mayor diversidad de entretenimiento? pensemos además en todo el público que por situaciones económicas no pueden pagar una entrada fijada al teatro, pero si pueden hacer un aporte voluntario. ¿Acaso tiene más valor el suelo gris que la sonrisa de un niño provocada por un títere o un cuentacuentos?. La ciudad vive un momento histórico y de cambios positivos impulsados por gestores independientes que no debe ser opacado por un grupo de burócratas defensores del cemento y la baldosa sin ninguna idea clara ni propuestas después de haber ocupado sus sillones por años, que a los cuencanos nos han parecido siglos.


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