La Cultura de no hablar de cultura

Columnistas
Oct, 2016
Artículo por Boris Banegas Abad
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  • Actualmente vivimos en el Ecuador un ambiente electoral en el cual los ecuatorianos nos preguntamos ¿quién será el nuevo presidente?, innumerables son los debates en almuerzos familiares, las charlas en los trabajos o la variedad de entrevistas a pre-candidatos en los medios de comunicación que preparan el ambiente electoral. Los temas tratados no son muy diferentes entre los representantes de un partido u otro; se habla de una supuesta crisis, de la minería, del ingreso a las universidades o se propone la derogación de la Ley de Comunicación. Pero algo que debería llamar nuestra atención es que ningún político ha pronunciado siquiera la palabra Cultura o Arte. Entonces me pregunto ¿por qué este tema no se aborda en los discursos?

     

    La política no tiene la cultura de hablar de Cultura es la conclusión más evidente. El ministerio respectivo ha visto desfilar varios hombres y nombres que han dejado procesos inconclusos y proyectos retrasados. Los asambleístas tampoco han logrado prosperar con la Ley de Cultura, que si bien es cierto ha entrado ya en varias etapas, las fechas para su aprobación se han dilatado exageradamente por “asuntos más importantes”.

     

    Cuenca no es ajena a esta realidad, tenemos un borrador de la Ordenanza de Cultura, que se presentó tan solo por una concejala, y que desde entonces ha entrado también en un lento proceso. Surge así la misma incógnita pero con diferentes protagonistas ¿por qué los concejales de Cuenca no hablan de Cultura?, Somos una ciudad que presenta un centro histórico patrimonial, al menos nos sentimos orgullosos del título otorgado por la UNESCO, porque entre otras cosas Cuenca no ha identificado claramente la dinámica cultural de sus gestores, tampoco tiene claras las reglas del juego en sus espacios públicos y sus grandes teatros no exhiben una cartelera constante ni propia y sin embargo ningún político se ha preocupado a conciencia de esta situación.

     

    Los políticos de elección popular están preocupados en su imagen a futuro para las siguientes elecciones, saltan de expertos en movilidad a eruditos en aguas subterráneas en horas. Pueden organizar grandiosos reinados de belleza con múltiples marcas de empresas privadas, declarar como la persona más ilustre a un deportista y poner media ciudad a su disposición para una competencia que tiene lucro privado, todo por estar en la foto que tiene miles de “likes” en las redes sociales pero que son incapaces de crear y mantener un fondo de fomento para proyectos culturales, que al menos se mantenga por dos años, a través de fondos concursales municipales.

     

    Políticos que no hablan de poetas, de músicos, de obras de teatro y que claramente no entienden de una economía cultural.

    La preocupación no radica sólo en el hecho de que debería aprobarse una ley o una ordenanza, lo más inquietante es que no tenemos representantes en puestos públicos que hablen de ello, y mucho menos que debatan, se apasionen y luchen por mejorar las condiciones de los diferentes trabajadores de la cultura y el arte. Parecería que los políticos entienden a la cultura como un mero hecho “eventista” y no como un proceso que podría contribuir a la economía del país, y lo más importante, impulsar un pensamiento crítico en la población.


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