Demagorgonismo anticapitalista francés

Columnistas
May, 2019
Artículo por Rocío Pérez
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  • Fuente: El Periódico

    Escribo esta columna un día después del incendio (aún no aclarado) de Notre Dame, y tras observar en las redes sociales emerger encarnizadas discusiones por ver “qué se quema” y “dónde se quema” y “qué es lo importante”, cómo a una, de vez en cuando, le da por perder su tiempo en debates apasionados que no conducen a nada bueno (porque las redes sociales no son el mejor formato del mundo para tener una discusión en condiciones) y hacen perder amigos/as por el camino, pues ahí fue. A por ello. A saco.

    Hice un comentario en el muro de Facebook de un buen amigo de quien me sorprendió su postura haciendo una crítica de quienes señalaban que era una barbaridad recaudar 700 millones en 12 horas para la reconstrucción de la catedral mientras Europa y el mundo tenían problemas mucho más graves. Les llamaba o nos llamaba (voy a decir nos llamaba porque si tengo que escoger grupo, va a ser el de quienes estábamos en shock por la millonada aparecida como si nada) demagogos.

    Demagogos porque, según él, lo cito de forma resumida, “nos molesta que alguien recaude dinero para reconstruir un monumento histórico y solo nos acordamos de las desgracias del mundo para reprochar a los demás cuando hacen algo, que, si nos molestan cosas como el hambre en el mundo, nos movamos y dejamos a los que se mueven tranquilos”.

    La verdad, es que entiendo la crítica perfectamente, es más comparto muy buena parte de ella, sobre todo en lo que se refiere al inmovilismo general y al estar gruñoneando cuando alguien se mueve o se organiza para hacer algo. Que somos muy perro del hortelano para esto, que ni hago ni dejo hacer. Pero, mi comentario no iba por querer o no reconstruir una catedral histórica con significados muy diferentes para unas y otros (y aquí una no puede obviar colonialismo, patriarcado, religión, moral, pedofilia, burguesía, y otros tantos elementos un tanto incómodos para algunas y muy jodidos para otros), aunque esto daría para una tesis doctoral y no sé yo si les recomiendo perder tanta salud mental en hacer eso. Mi comentario, que paso a transcribirles, se dirigía más hacia quién tiene el capital y cuáles son sus prioridades. Si ven que está muy mal escrito, me justifico señalando que el capitalismo académico y editorial no me da tiempo ni para opinar en condiciones. Lo de demagorgona es mi apropiación del término demagoga. No hay que perder el humor y nunca está de más añadirle unas gotitas de terror ochentero.

    “Pues yo, a riesgo de ser demagorgona, te diré que cada cual puede hacer lo que quiera con su money, of course, faltaría más, y of course too, reconstrúyanla, pero quizás lo que nos duela no sea eso, quizás sea ver cómo en 12 horas se recaudan casi 700 millones para restaurarla, cómo se mueve tal cantidad de dinero para ello, cuál es la prioridad exclusiva en Europa y esas cosas… porque molaría que se reconstruyera y a la vez se pudiese mover dinero así para hacer políticas de apoyo y refugio dignas para los miles de refugiados que también tenemos en Europa hacinados de campos de infierno… y no sé, intentar hacer algo para no dejar de morir a personas en el mar… también en Europa… mi demagorgonismo va un poco en el shock que me produce ver quién tiene el capital y para qué lo puede mover tan rápido… qué es lo que le interesa. Y sí, claro… no es nada nuevo, solo que no te acostumbras y espero no acostumbrarme a eso”.

    Lo que trataba de visibilizar con esto, es que esa recaudación tan impactante, no está hecha con dinero de ciudadanas y ciudadanos de a pie triste por la pérdida de un monumento histórico emblemático para su construcción de identidad, que esto es genial, legítimo, lindo, millones de cosas buenas y bonitas al respecto. El problema que yo veía ahí es que casi la totalidad de la recaudación ha venido de grandes fortunas burguesas que pueden permitirse donar 100, 200 o 300 millones de euros con un chasquido de dedos para esa reconstrucción. Fortunas que, al mismo tiempo, nos dicen cada día que no trabajamos lo suficiente mientras nos quieren pagar un sueldo cada vez más mísero. Que no hay dinero para mantener públicos la educación y la sanidad. Fortunas que son las mismas que presionan para que se generen políticas represivas migratorias en Europa, para que se abandone el rescate de centenares de personas que se ahogan cada maldito día tratando de cruzar el mediterráneo para buscar una vida mejor gracias a que esas mismas fortunas, son fortunas generadas a base de expoliar sus territorios y sus vidas.

    El problema está en la prioridad exclusiva del capital de priorizar un símbolo de poder de piedra sobre las vidas humanas. Llevamos soportando demasiado tiempo esta soberbia y esta arrogancia del capital. Y si soy una demagorgona por pensar y actuar contra esto, que así sea.


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