Al otro lado del dial

Columnistas
Nov, 2016
Artículo por Sebastián Zaldumbide
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  • ¿Cuando comenzó todo esto?

     

    No tengo la certeza. Lo que sí está claro es que este gusto por la buena música me viene desde casa, como las buenas costumbres, como los buenos modales. Es de mi padre de quien de alguna manera heredé esa manía de coleccionar música, en el formato que sea, en la cabeza, en el alma.

     

    El áfrica de mi memoria se sitúa a finales de los ochenta, cuando presenciaba noches de grabación en cassette, de horas y horas de música que mi padre celebraba en un cuarto preparado para el efecto. Entre amigos, se cruzaban la música entonces cada semana llegaban a mi casa discos diferentes. No había internet ni en .mp3 en aquella época, Spotify era, para ese entonces, algo impensable. De vinilo a cassette, de cassette a cassette…

     

    Recuerdo claramente conciliar el sueño a los pies de una cama de resortes cubierta por un edredón tejido con hilo de colores a manera de rombos; mientras él, siempre con audífonos, anotaba el nombre de las canciones con un rapidógrafo en el espacio que las cajas disponían para esto, ¡a mano!, esas cintas normales, cromadas, metálicas hoy son apenas un recuerdo.

     

    Evoco también cómo, hacia el final de la cinta, cuando aun quedaba algo de canción, había que bajar el volumen de grabación de la casetera minuciosamente, a manera de lo que luego conocí como fade out. Al principio, seguramente no entendía de qué se trataba, luego supe que mucho de ello era rock clásico; intermitentemente aparecían también el jazz, el blues, el new age…

     

    El cuarto poco a poco se llenaba de cassettes de toda esta música. Cientos y cientos de ellos… es en serio: Los Beatles, Pink Floyd, Moody Blues, Grand Funk, Rare Earth, Queen, Gentle Giant, King Crimson, Matching Mole, ¡Focus!. La lista comenzaba a ser interminable. Y yo no llegaba a tener ni diez años… luego apareció Tangerine Dream, cassettes y cassettes de Tangerine Dream y Klaus Schulze. A la vez sonaba Chick Corea y Keith Jarre y el new age se hacía su espacio, con el catálogo de Narada y la Windham Hill.

     

    Cuando llegué al colegio, la cosa se pondría más seria, “Dios los crea y ellos se juntan”, dicen. La música me unió con otra gente y comenzamos a compartirla, de esa manera  pude transmitir este legado, esta herencia a otros. Y así pude también traer algunas cosas que nos faltaban en casa: Jonas Hellborg, por ejemplo, Phish, ¡Hot Tuna!. Luego llegó The Orb y Future Sound Of London.

     

    Supongo que al comenzar la década de los noventa empezaron a llegar los CDs a casa. Y fue toda una revolución, sin duda. Desde el equipo reproductor, el Sony M11. Antes de este, los equipos de música o minicomponentes eran color plata como de aluminio, y necesariamente se requería todo un mueble para albergar el sound system. Hoy ya no queda nada. O son reliquias de museo. Mi primera colección en CD fue la de los Beatles, que incluía algunas ediciones no oficiales de conciertos y que conseguí antes de cumplir los 15. ¡Viva The Beatles!, hasta ahora me acuerdo… era tan fan que tenía tributos como el Shared Vision, publicado en el 94, que incluía la versión de “Twist And Shout” de Salt N’ Pe pa. Tan fan era, que tenía el tributo hecho por Yawar, una agrupación peruana de música andina que rindió tributo a los cuatro de Liverpool.

     

    ¿Que cuando comenzó todo esto?

     

    Puedo recordar algunos momentos que son parte de mí, como cuando frecuentábamos una tienda de discos en el centro de la ciudad y llegábamos a casa con un catálogo extenso y, página por página, señalábamos los que queríamos tener. Luego regresábamos a la tienda con el pedido. Así logré conseguir, entre tantos otros, Jefferson Airplane, Isle Of Wight, Dark Side Of The Moon (edición digipack, con postales conmemorativas de los XX años). Claro está, yo era un chico estudiante de colegio que no tenía para comprar discos, para comprar nada.

     

    Así crecí hasta llegar a los días del internet, que ya es materia de otro capítulo. Por esta vez no hay recomendaciones puntuales, tenía esas ganas locas de echar un vistazo hacia atrás para ver qué es lo que me trajo hasta aquí: rodeado de música, esta ha sido mi vida siempre.


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