33.293

Columnistas
Ago, 2019
Artículo por Rocío Pérez
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  • Una, de vez en cuando, vuelve a casa como migrante privilegiada.

    Y, como migrante, se enfrenta a noticias como esta:

    “Un diario alemán publica la lista de los 33 293 ahogados en el Mediterráneo. Desde 2006 la organización United edita una lista que se va actualizando con los datos disponibles de todas las personas que han muerto ahogadas intentando llegar a Europa desde 1993”.

    33.293 es la cifra sin rostro que nos llega.

    33.293 es el número parcial de vidas humanas que se han perdido en el mar por querer llegar a las costas prometidas.

    33.293 son las personas que nunca llegaron.

    Hay más que no están en ese dígito.

    Hay más esperando.

    También hay otras en tierra.

    Las hay que han sido devueltas, como se devuelve un tostador que funciona mal, una prenda con una tara, una lata caducada.

    Las hay que siguen siendo engañadas con alcanzar una vida mejor.

    Las hay que siguen siendo saqueadas y explotadas.

    Las hay que no tienen nada y ven cómo se llevan todo.

    Por eso tienen que irse.

    ¿No te irías tú si no tienes nada que llevar a la boca de tu compañero?, ¿de tu madre?, ¿de tu hija?

    ¿No intentarías tratar de llegar a un mundo «mejor»?

    ¿No lo has hecho?

    ¿No lo hacemos casi todos?

    Aunque parece que la responsabilidad y la memoria falla y lo que ocupa su lugar es un racismo y un fascismo desmedido.

    El enemigo es siempre el de fuera para el racismo.

    Primero los de aquí, los de la patria, grita el fascismo.

    A nadie le importa ya nadie.

    Pero hay unos que tratan de que no solo no te importe, sino de que odies.

    Y lo están haciendo muy bien.

    Tienen sitio. No nos importa.

    El Mediterráneo está muy cerca cuando vuelvo a mi casa, aunque yo sea del norte de España. Es un mar calmo, caliente para mí, y abarrotado de gente que se acumula en las orillas para tratar de sofocar el insoportable calor del verano. Niños y niñas juegan y gritan en el agua ante la vigilancia atenta de progenitores locales y extranjeros bajo sombrillas multicolores.

    La semana pasada estuve en el mediterráneo.

    Me costaba respirar, y no era por el calor.

    Me costaba meterme en el agua, y no era porque no me apeteciera.

    Me costaba no llorar cuando miraba al horizonte y pensaba en cuántas vidas yacen en el fondo, a merced de las corrientes.

    Hace tiempo que no puedo ver al mediterráneo como un mar.

    Es una enorme fosa común.

    Pueden leer aquí la lista de los que yacen bajo el mar.

    Apenas hay nombres.

    Apenas hay datos.

    48 hojas de vacíos y de ausencias.

    48 hojas de tristeza.

    48 de vergüenza:

    http://bit.ly/Lista33293


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