¿Y tú? ¿De qué serie eres?

Cine & Series
Dic, 2016
Artículo por Rubén Camacho Zumaquero
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Fuente: www.avclub.com / Mr. Robot 

A mí nunca me gustaron las series. Siempre preferí refugiarme en cualquier libro y devorarlo, ya que dentro de un libro no solo encuentras una historia completa sino un viaje hacia dentro de uno mismo (siempre y cuando el libro sea bueno, claro). Incluso, me resultaba difícil encontrar una buena película entre docenas de estrenos y el cine para mí pasaba a ser un conjunto de películas atemporales, de cualquier año y época menos de la actual. Así ha sido durante mucho tiempo hasta que los lenguajes audiovisuales han cambiado y comenzado a conquistar esa parte de nuestra mente que solo encontraba consuelo en la literatura.
Entrenar, suavizar y nutrir la mente es probablemente el gran objetivo de la cultura. Hacernos partícipes de una historia colectiva en la cual nos reconocemos, nos investigamos, aprendemos más sobre nosotros, nos revelamos como seres misteriosos y nos sorprendemos de lo mucho que ignorábamos. La cultura sirve, ante todo, para conectarnos con nuestras partes olvidadas a través del descubrimiento de otra forma de entender la vida, las historias y lo que nos sucede. Las series nunca habían sido una forma de conocernos sino un vago entretenimiento, un conjunto de historias inconexas o de misterios que se sucedían para nunca ser respondidos.
Hoy día, si en nuestra memoria colectiva reconocíamos populares frases del cine como “siempre nos quedará París” o “Le haré una oferta que no rechazará”, casi nadie permanece ausente ante el impacto de “Yo soy el peligro” o “Ha terminado. He ganado” de Breaking Bad. Ha surgido un nuevo lenguaje narrativo, una forma de contar historias que muchos críticos han relacionado directamente con Dostoievski y su literatura instrospectiva. ¿De verdad?
Yo no veía series hasta que me obligaron. Creo que todos caímos en ese bucle: ver un capítulo tras de otro de la serie de turno. Al principio, solo trataban de atrapar tu atención, semana a semana, con algún misterio digno de la ciencia ficción pulp de los años 50. Así ha sido hasta que la narración ha cambiado y las series se han transformado en un ejercicio casi literario de ficción especulativa, de la gran ciencia ficción social que practicaron autores tan diferenes como Isaac Asimov o José Saramago.
¿Quién no ha visto de seguido los últimos ocho capítulos de Breaking Bad porque no podía soportar parar la experiencia hasta el día siguiente? Es la misma experiencia que tenemos cuando llegamos a la página 100 de un libro que te atrapa y no puede ser cerrado hasta que no queda ni una línea por leer.
Las series de hoy día tienen una calidad narrativa tan extraordinaria y similar a la de los clásicos de la literatura porque, más allá de la excelencia técnica y de que las interpretaciones y la dirección de arte superen en muchas ocasiones a las del cine, narran historias sobre un punto de ruptura dentro de nuestra sociedad cotidiana. En las series contemporáneas puedes ver reflejado tu presente, tu frustración, tus angustias, tu ira, tu miedo, también tu propia soberbia y ese poder que todos tenemos para superarnos y retar la vida que nos rodea. No es necesario ser un humillado y frustrado profesor de instituto (Walter White, personaje principal protagonizado por Bryan Cranston de Breaking Bad, probablemente la serie con más aclamación popular y mejores críticas junto con Los Soprano) a punto de tener su segundo hijo y con la necesidad de lavar coches en tu tiempo libre para sentir la mediocridad de esa vida, la frustración en cada una de tus acciones, y sobre todo, el deseo oculto por despertar el demonio resentido y a la vez genial que todos llevamos dentro.
Además de la genialidad en la actuación o el lenguaje narrativo en el caso de Breaking Bad, lo que nos atrapó a todos fue la transformación más dual de la historia de la televisión. Una transformación que sí, solo habíamos leído en novelas como Crimen y Castigo de Dostoievski. El personaje crece, se transforma, prácticamente muta, hacia dos versiones tan diferentes de sí mismo que podríamos hablar de una escisión de la personalidad. Y todos queremos escindirnos. Todos estamos un poco hartos. Todos tenemos una dualidad dentro de nosotros a punto de estallar y presentarse en sociedad. Por eso a todos nos gustó tanto Breaking Bad.
Tiempo después llegó Mr Robot: considerada la mejor serie de estreno en el año 2015 y con las mismas críticas y reconocimiento en el 2016, sobre todo por la interpretación de Rami Malek. Nuevamente, la historia de una escisión con el personaje principal, Elliot, un hacker con un trastorno antisocial de la personalidad. La historia de cualquiera de nosotros. La historia de algo que sentimos y que hasta ahora no había sido narrado en un lenguaje audiovisual, solo en la literatura. Una historia de personas reales y comunes, que al ser tan presionadas por sus propios demonios y por el mundo en el que vivimos, nuevamente mutan, se transforman y llegan a desafiar lo que parecía inalcanzable e insuperable. Y mientras vemos esas series, nos sentimos reconocidos porque también somos seres humanos a punto de estallar. Por fin vemos, en imágenes y sonido, una historia sobre lo que nos gustaría que pasara con nuestra vida: una pizca más de adrenalina y verdad, por dramática que sea a veces. Mr Robot es una serie que nos ayuda a profundizar en las mágicas y aparentemente irresolubles preguntas: en qué momento estamos, qué queremos realmente, qué necesitamos para ir a por ello a pesar de todos los obstáculos, qué nos duele, quizá quienes somos.
Sí, sé que no todas las series son iguales. Sé que siguen existiendo series que son mero entretenimiento, o que solo reflejan un estilo de vida adinerado y pudiente con el cual no nos sentimos identificados. La diferencia es que tenemos opciones. Podemos ver y disfrutar de historias que son un reflejo veraz de lo que nos pasa, más que cualquier otra herramienta narrativa moderna.

Nos pasa con Breaking Bad cuando sentimos la frustración del profesor y la genialidad del químico sin escrúpulos. Nos pasa con Mr Robot cuando nos sorprendemos hablando con nosotros mismos, preguntándonos si lo que hemos vivido ha sido o no la realidad, o si tenemos el poder no solo para cambiar lo que nos pasa, sino para tener un auténtico poder por encima de quien nos oprime.
La conclusión que hoy día nos ofrecen es muy clara:

dime qué serie ves y te diré dónde estás y qué estás buscando.

 

Fuente: Google / Breaking Bad

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