Xavier Dolan, el jovencito que impresionó a Cannes

Cine & Series
Sep, 2015
Artículo por Esteban Gutiérrez
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Fuente: www.cajondehistorias.com / Los Amores Imaginarios una película de Mia Tainia y Xavier Dolan

“Siempre he estado interesado en la gente que es diferente. Creo que la diferencia es el principio de todo en la sociedad.” Xavier Dolan
Pensar que el joven canadiense Xavier Dolan–Tadros, con apenas veintiséis años, representa una estrella fugaz en el panorama del cine industrial contemporáneo sería lo mismo que desmerecer su desorbitante talento como actor, director y guionista, que lo ha llevado a integrar el jurado oficial de la 68 edición del Festival de Cine de Cannes celebrada el pasado mes de mayo.

 

Para comenzar, es necesario conocer que este montrealés actuaba desde los cuatro años de edad en algunas producciones y series de televisión nacionales. Más adelante, esta experiencia será el pretexto perfecto para dar sus primeros pasos como realizador. Pero no solamente eso, el crecer rodeado de reflectores también alimentaba el ego de artista intransigente que claramente muestra en muchas entrevistas, en las que, entre otras cosas, niega sin recelos las referencias evidentes que convergen en su cine. Sin embargo, y en honor a la historia, es necesario preguntarse qué sería de la mayoría de genios sin su ligera dosis de narcisismo.

 

En fin, luego de que Dolan, con tan solo veinte años, dirija y además protagonice su primer largometraje denominado Yo maté a mi madre (J’ai tué ma mère, 2009), en el que narra la relación enfermiza entre un adolescente gay y su madre, acaparó la atención de la crítica presente al momento del estreno en Cannes y alcanzó un especial reconocimiento gracias a su capacidad para matizar el relato con elementos concordantes entre sí, tales como la violencia, el amor, el arte y el erotismo que, sumados a un profundo manejo del lenguaje cinematográfico, se convirtieron en la insignia personal que el cineasta ostentó durante la siguiente edición del festival, cuando se mostró a sí mismo envuelto en un triángulo amoroso saturado a pleno technicolor.

 

 

Les amours imaginaires, un ménage à trois al puro estilo francés

Traducido literalmente como hogar de tres, el cine ha retratado en múltiples ocasiones la serenidad o el conflicto que puede llegar generar un romance triamoroso o ménage à trois. Por ejemplo, el equilibrio que consigue la pareja de artistas conformada por Juan Antonio (Javier Bardem) y María Elena (Penélope Cruz) con la adición de Cristina (Scarlet Johansson) en la comedia romántica Vicky Cristina Barcelona (Woody Allen, 2008) o el distanciamiento de un par de amigos, Julio y Tenoch (Gabriel García Bernal y Diego Luna), al experimentar junto a Luisa (Maribel Verdú) un triángulo pasional en el road movie titulado Y tu mamá también (Alfonso Cuarón, 2001). Coincidencia o no, la trama de la segunda película de Xavier Dolan (Les amours imaginaires, 2010) gira en torno a la disputa entre dos amigos, Francis (Xavier Dolan) y Marie (Monia Chokri), por conquistar el amor de Nicolas (Neils Schneider), un verdadero estereotipo de belleza griega, cuya masculinidad estilizada llega a confundir inclusive al público más experto en el tema. A propósito de este personaje, varias lecturas coinciden en que está construido a partir de un homenaje al mítico Tadzio de Morte a Venezia (1971); y es que, efectivamente, el andrógino adonis de rizos dorados, al igual que en la película de Luchino Visconti, consigue trastornar a sus acompañantes Francis y Marie al punto de provocar un violento duelo que amenaza con liquidar su amistad.

 

Fiel al título, lo que Los amores imaginarios expone es la problemática generada por intentar materializar un amor idealizado, inalcanzable. Para esto, Dolan, desde el guión, propone un juego en donde dos de los protagonistas deciden travestirse de estrellas de cine clásico hollywoodense, movidos por el deseo hacia el apuesto vértice principal del triángulo afectivo. Es decir, Marie convertida en Audrey Hepburn y Francis en James Dean se desplazan por la ciudad exteriorizando Los amores imaginarios de Nicolas.

 

No solamente la historia cobra importancia en esta proyección del universo dolaniano, también el relato revela un sinnúmero de artilugios que refuerzan los picos emocionales en la narración. Así, escenas convertidas en videoclips con música del dueto de electropop The Knife o del compositor alemán Bach, largos planos con personajes de espaldas a cámara en encuadres simétricos, momentos eróticos saturados en colores intensos y contrastados, entre otros; permiten que esta pieza audiovisual organice un repertorio prematuro de atmósferas que convierten la producción de Dolan en cine de autor contemporáneo.

 

 

Laurence Anyways, una precuela almodovariana

Luego de dos años en los que seguramente planificó una vuelta de hoja a su breve labor como director, Xavier Dolan presentó su tercer largometraje llamado Laurence Anyways (2012). Este film aborda la metamorfosis de Laurence Alia (Melvil Poupaud) quien, al iniciar la década de los 90, decide comenzar un proceso de reasignación de sexo, esperando que eso no afecte la relación heterosexual que mantiene con su novia Frédérique (Suzanne Clément). Vale la pena señalar que la historia presenta una construcción bastante compleja para su personaje principal. Así, lejos de cualquier estereotipo, Laurence es un profesor de literatura y tiene que lidiar, no solo con la discriminación de una sociedad, sino también con la del sistema académico y laboral, que para ese entonces estaba respaldado por la ley. Como respuesta, él busca alguien que entienda su lenguaje y cuestione la postura de los que dicen ser normales. A todo esto, el arte y la escenografía, también a cargo de Dolan, proponen una búsqueda a partir de la plasticidad y la apariencia física de cada uno de los personajes y las locaciones. Por ejemplo, en analogía con la trasformación, existe una secuencia – videoclip, quizá una de las más bellas del cine de Dolan, en donde la pareja de protagonistas camina por un sendero congelado mientras caen prendas de vestir hacia todo el infinito.

 

Laurence Anyways ubica curiosamente al espectador en los zapatos del protagonista hasta producirle empatía hacia él. Gracias a esto, el director reafirma un compromiso activista, catártico y autobiográfico en torno a la identidad sexual, atributos que también reúne el cineasta español Pedro Almodóvar. Pero, pese a que para muchos el filme sería la precuela perfecta para el film Todo sobre mi madre (1999), Dolan ha manifestado desconocer al director manchego, también aclamado en Cannes; seguramente quedará sorprendido al mirar la cinta almodovariana.

 

Sin lugar a dudas, Dolan es merecedor de todo el reconocimiento que ha conseguido gracias al arduo trabajo que vuelca en cada una de sus películas. Quedarse sin mirar su cine sería lo mismo que perderse el té con uno de los poetas más sensibles que tiene el séptimo arte actual. Y es que él aún tiene mucho talento por explorar, es así que, luego de dirigir dos largometrajes más, Tom at the Farm (2013) y Mommy (2014), anunció que el pasado mayo arrancó el rodaje de su próxima película, la adaptación de la novela homónima Es sólo el fin del mundo (It’s only the end of the world), una historia sobre un escritor enfermo que regresa a su casa, luego de doce años de ausencia, con el fin de prepararse para morir. Innegablemente será una de las películas más esperadas en Cannes, aunque su estreno esté previsto para el 2016.


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