Hurlements en faveur de Sade*

Cine & Series
Feb, 2016
Artículo por Germán Gacio Baquiola
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  • Fuente: Guy Debord Contre le Cinéma, de la pelicula Hurlements en faveur de sade

    Algo se apagó en la sala.
    O recién comenzaba.

    -¿Qué pasa?
    -Shhh.
    -No sé, no sé.
    -Es así, sr.
    -¿Qué dice?
    -Que es así.
    -Cállese, hombre.
    -¡Cómo! Momentito, el tono señorita.
    -Pero por favor.
    -¿Qué te dijo?
    -Nada, nada.

    En esas sombras de nuestra moral,
    donde lo oscuro es motivo de (falsa) risa,
    se personifica una tragedia de pequeños dígitos
    sobre un lienzo blanco, apagado.
    -¡Pongan una sonora!
    y:
    -Al que no le gusta que se vaya.

    Lo anormal de la no aceptación
    de un desplazamiento de lo cotidiano,
    como entrega.

    “Todavía hay muchas personas que la moral
    no hace reír o llorar”

    Antes era la violencia,
    como motor primario
    ante el choque de la ausencia,
    desamparo de la imagen.

    -Podemos proyectar aquello que pensamos.
    “No responderé sino en presencia de mi abogado.”

    Y esta anulación de lo representado, nos eleva a la dupliación
    de nuestras presencias.

    -¡Uuh! ¿¡Vieron eso!?
    -¿Qué?, ¿qué dijo?

    Dos realidades,
    de un aburrimiento mismo;
    en lo nuclear de lo relacional
    como determinante.

    “Pero todas esas personas eran vulgares.”
    -¿Podés hablar más bajo?

    Un estado de guerra que logramos
    autonomizar de nuestro territorio,
    asimilándolo a un enemigo externo,
    en la misma materialidad de lo proyectado.

    (-¿Alguien quiere un café?
    -Gracias, pasalo así alcanza para todos.)

    En espera constante de su acercarse,
    convertimos (el espacio en límite).

    “La muerte sería una hamburguesa”
    -Voy a averiguar un poco esto. De qué se trata.
    -Yo me voy. Suficiente.
    -No, sólo al baño.
    -A ver si te perdés algo…
    entre tanto murmullo
    de chicles masticar

    “shhshshhh!!!”
    frente a un oído,
    replegado ante lo único,
    de sentirnos usados y amenazados
    de adorar a nuestro captor.

    “Debe ser terrible morir.”
    (-La copia es excelente.)

    En nuestro cuerpo,
    hay ciclos.
    Y respondemos por ellos,
    sin percatarnos.

    -Yo sí me resigné. ¿Alguna sugerencia? La sala
    está cada vez más oscura.
    -Es un principio de organización.
    -De economía.
    “Como niños perdidos vivimos nuestras aventuras incompletas”.

    Y seguimos atendiéndote,
    como palomas
    fijados en tu reflejo
    ante cada maíz arrojado.

    -Puede elegir cualquier cosa de Corrientes.
    -Cada uno puede pensar lo que quiere. Es un
    espacio para eso.
    -Pero no tengo ganas de escucharlo.
    -Tápese los oídos, entonces.
    -Ya me interesó. ¿De qué hablaban?
    -¡Que viva Méjico!

    Sade no pervirtió la realidad,
    sólo la conservó en una sustancia
    con mayor trascendencia
    que la simple apariencia de un acto.

    Las palabras.

    Y nosotros,
    como un bebé ante
    una teta cubierta,
    esperamos por ellas
    y nos rendimos.
    Siempre, de algún modo,
    las investiduras que nos ofrecen
    terminan venciéndonos.
    -Levante la mano quién se da cuenta de algo.

     

    * Hurlements en faveur de Sade, traducida algunas veces como Aullidos por Sade o Aullidos a favor de Sade, es una película del revolucionario político y director de cine francés Guy Debord. Fue estrenada el 13 de octubre de 1952 en el Cineclub de la Vanguardia de París en el Barrio Latino. Esta primera presentación fue interrumpida por el público que, indignado al ver solo los primeros minutos, inició grandes disturbios. Puede catalogarse como un filme experimental o anticine. Tiene una duración de 64 minutos y se compone de secuencias con la pantalla blanca y algunas frases de voz que manejan una temática que va desde el Código Civil o pasajes de diversas novelas, y que se alternan con el silencio de la pantalla negra. La primera parte con la pantalla en blanco está acompañada de una improvisación del letrista Gil J. Wolman. El filme se caracteriza por las voces inexpresivas, extensos minutos donde la pantalla aparece en planos blancos o negros totales, y no se aprecia banda de sonido. Como propuesta causó un profundo debate por su crítica a la sociedad que contiene al cine. Sigue la obra del letrista Gil J. Wolman (La anticoncept). Las voces que se oyen en la película son las de Gil J. Wolman, Guy Debord, Serge Berna, Barbara Rosenthal y Jean-Isidore Isou.

     

    Este poema surgió tras la exhibición del filme en el año 2008 en la Sala Leopoldo Lugones en la Ciudad de Buenos Aires durante un ciclo dedicado al cineasta francés. Se combinan aquí sentencias de la película con diálogos de los espectadores desorbitados durante la proyección


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