Los caminos del cine en el 2020

Cine & Series
May, 2019
Artículo por Jordi Garrido
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  • El siglo XXI está cerca de cumplir sus primeros 20 años y empezar su mayoría de edad, el tiempo suficiente para mostrarnos los caminos trazados por el cine y realizar un análisis fidedigno para dilucidar lo que se viene en un futuro próximo, en nuestro caso, de cara al séptimo arte. Este artículo no pretende hacer simplemente una revisión de los cambios que han ocurrido en el mundo del cine, sino de asumirlos como ya establecidos. No nos queda más que aceptarlos y aprender a convivir con ellos (como el paso al cine sonoro, al color o la llegada de la televisión en el siglo XX).

    Empezaremos por el corazón: las salas de cine. La inevitable desaparición en este siglo de las antiguas salas es un hecho y los lugares de visionado han quedado casi exclusivamente —por lo menos en Ecuador y exceptuando las filmotecas— en el maravilloso y mágico enclave de los centros comerciales o multicines. Con esto, se ha privado a las nuevas generaciones de la aventura de ir al cine con los amigos o familiares como un acontecimiento en sí mismo si no es dentro de un centro comercial, con lo que pierde su romanticismo y se convierte en un paso más dentro del día mall: comemos, vemos ropa y vamos al cine (hacer turismo para muchas personas).

    Desde la nostalgia del viejo que suscribe, la pérdida es inconmensurable: la emoción de asistir a la sala, incluso el tedioso trámite de hacer la cola para poder ver la película deseada, ir a un bar a compartir los comentarios con alguien más o la vuelta a casa repleto de reflexiones mentales… Sé que muchas de estas cosas aún pasan y siguen quedando salas a lo largo del mundo, pero es algo a lo que, irremediablemente, le quedan los días contados.

    Sigamos con el segundo punto que cabe aceptar: la digitalización del cine. El paso de lo analógico a lo digital ya es una realidad. Es cierto que algunos directores como Nolan o Tarantino, por ejemplo, siguen trabajando con el formato analógico por la resolución y la calidad en formatos grandes que aún no ha alcanzado el digital, además de cuestiones estéticas, pero esto estará pronto al alcance de las digitales porque que están basando sus adelantos en función de las lentes analógicas, lo conocido como el look full frame (puede verse ese color y aspecto en todas las series de los últimos años). Es así que auguro que en menos de diez años el 95 % de los filmes mundiales se rodarán con sistemas digitales. Los directores de fotografía nunca han dispuesto de tantos formatos y una gama tan amplia de lentes.

    El mundo digital ha sido uno de los puntos beneficiosos para el cine y su diversificación, pues ofrece facilidades en cuanto a la reproducción, rodaje y postproducción, lo que ha permitido que se puedan realizar películas que antes eran impensables por temas de presupuesto o medios y en lugares del planeta donde los bajos recursos no permitían el desarrollo de la industria cinematográfica. Esta es la democratización del cine: todos estamos al alcance de rodar y de visionar en cualquier punto del planeta, incluso desde un teléfono móvil; en consecuencia, la cifra de películas rodadas en casi todos los países se ha duplicado desde el año 2000.

    Gracias a este acceso, podemos ver muchas películas más de diferentes países y de múltiples voces, etnias y géneros que en el anterior siglo, y digo gracias porque si no estaríamos asistiendo a la muerte del cine (en cuanto a contenidos se refiere).

    El camino de la industria cinematográfica en nuestros días está agotado, las producciones del último decenio han sido copadas por el universo superhéroes, remakes de películas clásicas, adaptaciones literarias, biopics —no hay más que la precuela de la secuela de la hija de Batman y el tataranieto de Han Solo—. El cine comercial ha desechado la trama en pos del puro entretenimiento (la gran culpa es de los asistentes a las salas que han crecido sumidos por los efectos especiales, que suelen ser lo único que los moviliza en masa). Es difícil ver cosas nuevas en las grandes superproducciones que solo quieren rentabilizar los dólares invertidos y multiplicarlos, para ello, asumen los menores riesgos posibles, repiten las mismas fórmulas que saben que funcionan y viven de refritos.

    Este cine de puro entretenimiento que acuñaré como cinechatarra o cinebasura en analogía a la comida, es un producto de fácil consumo. Eso sí, a diferencia de la comida, aunque también es de baja calidad, cuenta con unos megapresupuestos exorbitantes. Otro símil con la comida rápida (que además el publico consume en las películas) es que al igual que en el tipo de restaurantes que la expenden, el cinechatarra cuenta con franquicias que se multiplican de acuerdo a sus ganancias. Además utilizan unos mecanismos de publicidad y merchandising difíciles de combatir y de los que es mucho más difícil abstraerse (imposible que a día de hoy no te hayas enterado que se estrena en breve Avengers Endgame o que estamos en la última temporada de Game of Thrones). Y todo esto acompañado por el bombardeo en la nube y redes sociales.

    Dicho esto, entremos en el siguiente punto: el cine  y el Internet. El crecimiento de la industria y de la producción de películas a nivel mundial sería inimaginable sin la red. Ya no solo existe la televisión, ahora eliges qué ver desde la comodidad de tu sillón, en mi generación (los viejos, quiero decir) era imposible ver lo que quisieras y cuando lo quisieras. Sí, estaban los videoclubs, pero no tenían todo, obvio, y además el bolsillo de un joven no permitía alquilar películas todos los días. Sin embargo, hoy en día podemos descargar cuasi cualquier película de la historia y verla desde nuestra casa y, con suerte, en pantalla grande. Este, como vemos, en un gran avance para el alcance de un film, ahora pequeñas producciones pueden ser vistas por una gran cantidad de espectadores que solo necesitan disponer de un ordenador e internet. Otro punto a favor de la democratización y diversidad del cine.

    Y así llegamos al mundo Netflix. Hace mucho tiempo ya del desembarco de las series a la industria cinematográfica y su calidad y desarrollo está fuera de discusión. Las cadenas de cable recogieron e incrustaron a las series en nuestras vidas, pero es este gigante del streaming el que inició el camino de la transmisión por internet y está copando el mercado en nuestros días; sin embargo, todas las grandes empresas quieren su parte del pastel. Compañías como Apple, Facebook, Amazon y Disney se estarán sumando hasta 2020 a la transmisión en directo.

    La consecuencia directa más preocupante es que los hábitos de consumo están cambiando, estas plataformas te muestran lo que debes ver y te convierten en una persona aún más cómoda a la hora de elegir; limita tu libertad, pues ofertan su catálogo de acuerdo al país donde resides y coartan tu libre albedrío (¿en qué se basan para elegir lo que tenemos que ver?). Otro punto igual de alarmante es que estas empresas empiezan a monopolizar el mercado porque van acumulando todo el capital (en 2019 Netflix reveló que su cifra de afiliados sobrepasa las 139 millones de personas) y en un futuro puede que los directores, actores, guionistas y demás trabajadores de esta industria estén subyugados a ellas (o trabajas para ellas o no trabajas). Con esto no pretendo demonizarlas, es verdad que están dando muy buenas producciones, pero sí poner en evidencia algo que puede suceder en solo 10 años más de este crecimiento masivo.

    Hay que seguir haciendo el esfuerzo de interesarse e investigar qué queremos ver y tener una opinión crítica al respecto, la piratería en el internet ha salvado en parte al cine a la hora de llegar a todos los públicos y a todos los rincones. Por eso, aunque lastimosamente los cines acabarán por desaparecer sin que podamos hacer algo al respecto, sigamos consumiendo cine, aunque sea en nuestras casa, siempre que sea de calidad.


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